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El propósito no es una palabra: es una construcción

1. El evangelio no es una varita mágica

Durante muchos años se nos enseñó que venir a Cristo era como recibir una “varita mágica”, como si de un día para otro todos los problemas se fueran a desaparecer. Pero la verdad es otra: Cristo no vino a quitarnos los problemas, sino a ayudarnos a trabajar en esos problemas para ser mejores cada día. El evangelio no es un truco instantáneo, es un proceso de transformación real.

2. La transformación es un proceso, no un evento

El creyente maduro entiende que la vida espiritual no es solo emoción, ni un momento poderoso en una reunión. La transformación es lenta, progresiva, y muchas veces confronta partes internas que no queríamos mirar. Dios trabaja con nosotros por etapas, porque lo que Él quiere no es solo un “cambio externo”, sino formar el carácter de Cristo en el interior.

3. Dentro de ti hay luz… y también oscuridad

Una de las verdades más difíciles, pero más sanas, es aceptar que dentro del ser humano hay luz y oscuridad. La gente auténtica entiende esto. La gente inmadura cree que lo único que tiene es luz, y eso es mentira. Por eso, incluso dentro de la iglesia se cuelan chismes, hipocresía, mentira, ego y actitudes dobles. La Biblia dice que no hay justo ni aun uno, y que todos pecamos. Lo que nos hace santos es la sangre de Cristo, pero esa sangre no funciona como magia: perdona, sí, pero el carácter se forma con tiempo.

4. Dios no baja del cielo a resolverte la vida

Hay una mentira que ha destruido a muchos creyentes: pensar que Dios va a bajar del cielo, dejar su trono y resolverte la vida en una noche. Dios no es un “vecito con una ollita de oro” que aparece para hacerte millonario. La Escritura enseña que Dios prospera la obra de nuestras manos, es decir, que Él bendice lo que tú trabajas, lo que tú ejecutas y lo que tú construyes con responsabilidad.

5. Propósito: no es solo espiritual, también es natural

Otro error común es creer que el propósito solo se encuentra en lo espiritual: predicar, cantar, servir en un altar o “vivir del ministerio”. Pero no todos nacieron para ser pastores o evangelistas. Hay gente que nació para ser médico, comerciante, vendedor, creador de contenido, emprendedor, editor, diseñador o especialista en negocios. Dios no solo llama a lo espiritual: Dios también llama a lo natural, porque somos carne y hueso, vivimos en un mundo real, y necesitamos adaptarnos a la vida.

6. El equilibrio es la llave que activa el propósito

El gran problema del creyente moderno es el desbalance. A veces somos demasiado espirituales y dejamos de ser naturales; otras veces somos demasiado naturales y dejamos de ser espirituales. Y cuando eso pasa, la vida se rompe por dentro. La verdadera felicidad nace cuando hay equilibrio: oración y trabajo, fe y disciplina, altar y responsabilidad, espiritualidad y vida práctica. Cuando hay equilibrio, el propósito se desata.

7. La oración trae dirección, pero la respuesta viene para ejecutar

Orar no significa quedarte esperando que todo ocurra solo. La oración trae el cielo, trae la respuesta, trae dirección. Pero esa respuesta viene para que tú ejecutes una obra. Por eso la Biblia enseña que la fe sin obras es muerta. En otras palabras: tú oras, Dios te habla, y tú trabajas sobre lo que Dios te mostró. Ese es el camino de los que realmente avanzan.

8. El primer paso para encontrar propósito: aprender a escuchar

El primer escalón para encontrar propósito es aprender a escuchar. La Biblia dice: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios”. Esa quietud tiene que ver con el alma serena, porque el alma es como agua: cuando está agitada no refleja nada, pero cuando se aquieta, se vuelve clara. La única forma de oír a Dios es con el alma en paz. Si una persona vive acelerada, con insomnio, pensamientos repetitivos y ansiedad, difícilmente podrá recibir dirección.

9. Meditar bíblicamente: concentrar la mente para ordenar el alma

Meditar no es poner la mente en blanco. Meditar, en la Biblia, es aprender a concentrarse en un pensamiento correcto hasta que el interior se ordene. En este tiempo, la tecnología ha disminuido nuestra concentración, por eso a muchos les cuesta orar, leer, escuchar o sostener un enfoque. Pero cuando aprendemos a respirar, callar, silenciar el ruido y enfocarnos, comenzamos a oír a Dios… y también a escucharnos a nosotros mismos, porque muchas respuestas ya están dentro del alma.

10. Tres preguntas que ubican tu vida en 2026

El propósito se activa cuando una persona se ubica con honestidad y responde tres preguntas esenciales: ¿dónde estoy?, ¿quién soy? y ¿a dónde voy? Esto no se refiere solo a si eres hombre o mujer, sino a tus talentos, tus dones, tu identidad funcional, tu crecimiento, lo que has logrado y lo que deseas lograr. Porque con oración sola no se logra todo: la oración es para recibir dirección, y la dirección es para ejecutar.

Dios quiere que seas feliz, que tengas salud, que seas espiritual… pero también que tengas provisión y estabilidad. No para vivir desde el miedo, sino desde el agradecimiento. Cuando el creyente entiende que el evangelio es proceso, que la oración trae dirección y que el propósito se construye con equilibrio, entonces deja de estar desubicado y comienza a caminar sobre su asignación real.

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